El texto habla que la resolución de conflictos es una competencia esencial en la formación del docente, entendida no como un mecanismo para eliminar problemas, sino como una oportunidad para aprender, reflexionar y transformar la convivencia escolar. Señala que los conflictos, presentes en la diversidad de la escuela, pueden ser intrapersonales, interpersonales, grupales o estructurales, y que los docentes deben estar preparados para abordarlos de manera ética, crítica y colaborativa. Se destaca la importancia de la formación integral del maestro, que combina fundamentos teóricos, prácticas pedagógicas y sensibilidad social, incluyendo la alfabetización digital y la comprensión de la tecnología como constructora de realidad. Además, se habla del autoconocimiento, la empatía y la autenticidad para mediar conflictos y promover la justicia, la inclusión y la paz. En el texto se plantea que formar docentes críticos, sensibles y éticos permite transformar los conflictos en oportunidades de aprendizaje, fomentando comunidades escolares democráticas, inclusivas y resilientes,contribuyendo a una educación comprometida con la dignidad y la construcción de futuros posibles.
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